La violencia criminal de la actualidad, heredera de la barbarie y de la impunidad del conflicto armado (1980-1992), obliga anualmente a miles de personas a huir de sus casas para salvarse, todo ante una sociedad salvadoreña que, en buena parte, ha decidido ignorar el horror y situarse en una posición de comodidad ante el sufrimiento de las víctimas.

Dejan sus hogares, sus pertenencias, las vidas que construyeron, sus raíces. Están ahí. Avanzan. Huyen. Algunos pierden más que objetos y recuerdos, pierden seres queridos. Buscan refugio. No saben con certeza a dónde ir o qué hacer. Otros consiguen el apoyo de organizaciones no gubernamentales.

Los datos son claros y duros: 1,549 personas fueron víctimas del desplazamiento forzado en 2018, de las que se calcula que casi la mitad son menores de edad.

De acuerdo con el informe Señales de una crisis, elaborado por organizaciones humanitarias, el 40.3 % del total de personas registradas eran niñas, niños y adolescentes, de los cuales el 9.2% son niñas y niños entre los 0 y 4 años y el 34.7% entre 5 y 17″.

Pero estos datos se desprenden únicamente de los casos atendidos por organizaciones como Cristosal y la Fundación Educación y Cooperación (Educo), por lo que esta problemática podría ser de mayores proporciones.

Una encuesta nacional del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) da cuenta de que más de 235,700 personas se vieron obligadas a desplazarse forzosamente durante 2018.

Esta crisis se ve atizada en parte por la falta de reconocimiento de alto nivel por parte del Gobierno y de la Asamblea Legislativa.

Este panorama de indolencia estatal y social caló en el colectivo literario La Mosca Azul. Dejó una huella profunda. Aprendimos que el desplazamiento forzado interno no solo son números, sino que atrás de cada cifra hay una persona, una vida. 

También reconocimos que no podíamos permanecer impasibles ante el horror. Debíamos actuar; inquietar esa pasividad desde la literatura. Decidimos contar algunas de esas historias. Así fue como germinó La soledad de los errantes, un libro de relatos sobre el desplazamiento forzado.

El título, que será lanzado este 9 de diciembre y que está compuesto por catorce relatos, fue posible gracias a la alianza de La Mosca Azul con Educo y el apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Las narraciones incluidas en La soledad de los errantes son, al final, creaciones literarias a partir de la perspectiva de cada autor y en ellas se encuentra latente el eco de las personas que con valentía nos contaron sus historias.

«A través de los protagonistas de estos catorce relatos, víctimas anónimas sobrevivientes, nos adentramos en el vacío y la impotencia que reviste la soledad de quien sufre el desplazamiento forzado, sin poder acelerar el paso ni volver la vista atrás», escribe la galardonada dramaturga Jorgelina Cerritos en la contraportada del libro.

No pretendemos narrar la violencia con una fascinación por el sufrimiento humano. Lo que buscamos es situar al lector en un espacio en el que pueda sentir al menos una brizna del terror vivido por las víctimas. 

Como La Mosca Azul, queremos ser testigos de nuestra época, contar la descomposición de la sociedad sin dejar que pase el tiempo, incomodar.